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Ignacio Serrano, el marino que casi quema el Huáscar mientras agonizaba en el Combate Naval de Iquique

 

Dentro de los nombres que destacan cada 21 de mayo está el de Ignacio Serrano, uno de los marinos chilenos que cayó el 1879 en el Combate Naval de Iquique.

Siguiendo la gesta heroica de Arturo Prat, Serrano se mantuvo firme incluso en el epílogo de su existir, convirtiéndose en uno de los nombres que perdió la vida en esa sangrienta jornada.

Su final estuvo marcado por la tragedia en la misma medida que por el heroísmo. Pese a haber quedado gravemente herido en la cubierta del Huáscar, trató de provocar un incendio tras haber sido llevado por los peruanos a un camarote mientras agonizaba.

Nacido en Melipilla en 1846, fue el menor de 9 hermanos. Se dice que cuando pequeño quedó obsesionado con una figura de La Esmeralda que vio en la casa de una amiga de su madre. Cuando cumplió 18 años ingresó a la Escuela Naval, egresando en 1867.

Tras ser destinado en diversos lugares, fue ascendiendo hasta llegar al grado de Teniente 2º, siendo nombrado el 31 de octubre de 1876 como Subdelegado Marítimo de Tomé. Bajo este cargo emprendió la tarea de levantar el plano de la bahía de Coliumo y aldea de Dichato.

De acuerdo a su biografía en el sitio de la Armada de Chile, tras el estallido de la Guerra del Pacífico, Serrano cerró su residencia -en aquel entonces vivía en Tomé- y trasladó a su esposa a Melillapu, actualmente conocido como Puerto Montt, donde la confió a distinguidos amigos.

Se embarcó en la goleta “Virgen de Covadonga” cuando a fines de abril de 1879 su amigo, el Capitán de Fragata Arturo Prat Chacón, asumió el mando.

Prat había viajado desde Iquique por encargo especial del Almirante Juan Williams Rebolledo con información para el gobierno. Partieron desde Valparaíso el 3 de mayo en compañía de la corbeta “Abtao”, llegando a Iquique el 10 de mayo.

Luego que el Almirante Juan Williams Rebolledo decidiera atacar El Callao, reorganizó los mandos de los buques, designando al Capitán de Fragata Arturo Prat como Comandante de la corbeta “Esmeralda” y dejándolo como Jefe de Bahía a cargo del bloqueo de Iquique.

Para esto, Prat solicitó que se trasladara a Serrano y al Guardiamarina Arturo Wilson Navarrete desde la goleta “Virgen de Covadonga” para completar la tripulación de la corbeta.

En el Combate Naval de Iquique el 21 de mayo de 1879, el Teniente Ignacio Serrano Montaner tenía la responsabilidad de dirigir los cañones de babor que enfrentaban al Huáscar, mientras que el Teniente Francisco Segundo Sánchez Alvaradejo respondía a los disparos provenientes de tierra por estribor.

Tal como detalla el portal del Museo del Monitor Huáscar, luego de la muerte de Prat en el primer espolonazo, Serrano organizó un nuevo y masivo abordaje.

Fue así como al juntarse ambos buques nuevamente, el teniente grito “¡al abordaje!”, lanzándose hacia a la embarcación de Perú.

Sin embargo, el capitán de navío Miguel Grau, anticipándose a esta maniobra, ordenó alejarse, lo que hizo que sólo doce tripulantes, además del marinero chileno, alcanzaran a caer sobre la cubierta del blindado peruano, en donde fueron recibidos por una intensa lluvia de balas.

En este lugar, y en medio del caos que reinaba, corrió hacia la torre de artillería con la intención de trabarla. Sin embargo, mientras se desplazaba hacia su objetivo fue gravemente herido en el bajo vientre.

“¡Yo muero, pero no hay que darse muchachos!”, gritaba el marino chileno, consciente de que su final era inminente.

Tendido en la cubierta, y con sus vestimentas llenas de sangre, fue recogido por los peruanos quienes lo llevaron a un camarote, en donde el cirujano que lo atendió no le ocultó su inevitable desenlace. Pese al intenso dolor, al melipillano se le ocurrió una última y audaz maniobra para intentar dañar al enemigo: quemar el monitor.

Para esto, prendió fuego a las ropas y muebles que lo rodeaban par así provocar un incendio. No obstante, el humo delató su temerario acto, siendo sofocado por la tripulación peruana, según consigna el portal Tarapacá en el mundo.

Asistido por el médico Santiago Távara, el teniente chileno murió desangrado, tras lo cual su cadáver fue dejado en el muelle de Iquique, en donde sus restos se reencontrarían con los de Prat. Tenía 32 años.

Posteriormente, sus restos mortales fueron trasladados a Valparaíso y sepultados en la cripta del Monumento a La Marina Nacional el 21 de mayo de 1888. En la ceremonia, las calles se atiborraron de personas quienes quisieron rendir un último adiós a los héroes que perdieron la vida en el combate.

Su valentía fue destacada incluso por sus propios enemigos, quienes en su epitafio escribieron: “Este oficial murió al pie del torreón”.

 

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